Exiliando
a la libertad
¿De qué dependen las vidas? ¿Cómo
los sueños pasan a desesperar? ¿Quién es aquí el redentor?
Golpeas la razón, haces trizas a tú
enemigo mientras mueves la ficha del peón, pero… ¿Quién es aquí
el jugador?
Puedo ver
devastación, dolor mezclado con un pedazo de ilusión. Una triste
lágrima deslizada por el cauce de los escombros refleja un terrible
monstruo, que veloz se aferra a nosotros.
Fines los latidos de miles de
animas, lamentos en los que no reparan los victoriosos, a do paso
ligero haya la desgraciada guardia, más en mi corazón solo camino
yo.
¿Cuánto los ideales valen? ¿Cuándo
el sol de oscuro gris se tiñó? ¿Quién es ahora el traidor?
Y bajo la dictadura del horror se
elevan suspiros reclamando el perdón, otros sin embargo optaron por
la reclamación.
En oscuro camino una nobleza
juventud hallé, nuestro dialogo interrumpido fue por un matador
cruel. Fríos ojos, semblante tenso y apreciación cero.
Clara y breve vocación en mis oídos, en balde los
sordos escucharon, la fiera al lecho del castigo volvió con otra
nueva presa.
Al alba la luz caería, despojada de
sus tesoros de largos hilos marchó a un campo atestado de miradas…
¿Y qué es lo más macabro que el justiciero desgarra?
Ante mentes testaduras se posó el
ruiseñor y sin dejar de pregonar su canto una cruel mano lo ahogó.
Y en los retazos de la memoria,
silabas trazadas con sangre dibujan en nuestra prisión la palabra
más frustrada de la razón: libertad.
